De historias ajenas me gusta mencionar poco especialmente sobre mujeres porque no me parece buena idea ni me parece correcto hablar de cuerpos ajenos pero esto es un ejemplo de un tema reflexivo así que es tema general.
Las mujeres no debieran ser clasificadas o amadas por su calidad de carne o su figura , su tono de piel o la cantidad de cabello en sus cabezas,
Lamentablemente sucede que ellas mismas cooperan con esa clasificación social entrando en el ciclo de la competencia.
Le damos valor a el peso del cuerpo como si de mercancía de venta se tratase, aceptamos que se nos ame por como nos vestimos.
Los gimnasios están llenos de personas que invierten su vida para valer más o para no perder su valor y así vamos por la vida hasta que llega el día que no vamos más al gimnasio ni hacemos ejercicio y comenzamos a ganar peso y a perder esperanzas.
Generalmente se tasa un valor por la carne y cuando nuestras carnes no son jóvenes comenzamos a perder la carrera que iniciamos en la juventud.
No hay mucho que descubrir: el mercado de la carne esta al día y siempre hay alguien clasificando con reglas estéticas.
Es solo cuando se sale de el mercado de la carne y se entra al de la grasa que se comprende que es un circuito de consumo que también se llega a valer por la cantidad de grasa que se tiene adherida la carne y al hueso.
El mercado de la carne, la grasa y el hueso siempre está activo,
Algunos esqueletos valen más que otros y aunque no lo parezca algunos son más jugosos.
Se habla mucho de la espiritualidad y del poco peso del valor del cuerpo pero yo en esta ocasión me refiero a lo poco que vale el dinero cuando se trata de comprar criterio propio o reflexión por kilos.
He llegado a la conclusión que seguimos siendo carne cuando en una cama de hospital pernoctamos y a pesar de no aceptar que estamos enfermos siempre soñamos con despojarnos de toda la carne , la grasa y el hueso y buscar ser un ave , una mariposa o una estrella.
"Yo soy agua" diría la forma de conciencia más cercana a la sanidad en este instante.
Estamos por congelarnos o por hervir juntos o separados pero nadie escapa del ciclo cárnico que algunos llaman "karmico".
El mercado de la carne, la grasa y el hueso.
Victor Alcázar
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