Cuando era niño, recuerdo que en mis pensamientos creía que todo dentro de la casa de mis padres representaba una ciudad,
Así cada atardecer , anochecer o amanecer representaba para mi una historia distinta y un escenario en el que podía imaginarme siendo feliz.
Ahora que soy adulto, en ocasiones algunas personas que me dejan visitar espacios de sus hogares son recordatorio para mi de que yo era un personaje en una ciudad distinta a la de ellos.
Mi personaje siempre es un hombre en una esquina de una calle observando las lamparas fundidas en los postes, una sensacion de plenitud real porque no tiene hambre ni sed ni sueño y está
viendo el amanecer que poco a poco recorre el horizonte.
Ahora se, que el día que muera, esa será la visión en la que me sumergire antes de que alguien tome mis signos vitales y me cuente como occiso.
Yo por mi parte habré viajado a mi infancia donde no hay autos ni necesidad de viajar más allá de la siguiente cuadra para encontrar la felicidad y, estoy seguro que la reencarnación de mi mente será exactamente en otro tiempo y tal vez otro universo.
No me queda duda que he vivido la mejor parte de mi vida sin miedo a ver de nuevo un anochecer y una luz que proviene de una puerta en mi cocina y sentir tranquilidad sin esperar nada: la misma tranquilidad que ha sentido mi madre cuando pensó que traer a un hombre al mundo podría hacerlo feliz.
Un mundo feliz
Victor Alcázar
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