(Fotógrafia: Crisol Franco)
Ya me había percatado que caminar de noche por la ciudad de Guadalajara era una actividad que la hacía parecer una sombra y ella en realidad no era nada de eso, más bien era demasiado atrevido el intentarlo y salir con vida de una noche en la ciudad.
Yo le admiraba desde mi vision de las situaciones porque le imaginaba desnuda , así delgada como era ella, un crisol de emociones y busquedas donde le atesoraba como una musa nocturna que se metía a mi cama , me hace el amor y se iba antes del amanecer.
Yo siempre amanecía adolorido del cuerpo, desvelado porque lograba recordar su piel como si fuese un poema que me gustaba repetir hasta el cansancio.
Yo lograba hurgar en sus sensaciones casi de forma esquizofrenica donde me obsesionaba entender el porqué hacía lo que hacía.
Podría decir que fue mucho tiempo que la perseguí en la idea de que ella me iba a mostrar imágenes de donde se encontraba la puerta del paraíso pero ella huía de mi: yo supongo que estaba directamente relacionado que ella sentía mi presencia en las calles y su única solución al fantasma del acoso era evadirme hasta que yo caía muerto de sueño.
Trate por muchos medios de influir en sus sueños y hasta buscarle en visiones remotas pero ella era transparente: yo no podía entender porque mi obsesión con ella que era mi maestra de lectura de la vida.
Yo le llamaba maestra porque buscaba en ella y en sus imágenes las flores que yo sentía en mi interior cuando le veía.
Ella me enseñaba que no era posible recibir más que imágenes de plantas que crecían salvajemente en una esquina de las calles de Guadalajara y yo no obtenía lo que quería.
Ella era la que me cambiaba un capitulo del aprendizaje y no le podía atrapar en mi visión de princesa o sirena o mujer exótica: ella era para mi eso que yo buscaba aprender: una artista , una exploradora, una guerrera y una extrañeza perfumada de una tarde en donde no ha de morir nadie, ni siquiera el recuerdo.
Era el alma gemela del gato que no se deja atrapar por quien cree que sabe más, era una forma de decirme que el tiempo y una mujer no pueden ser deformadas por un deseo: siempre es menester entrar, salir y esperar a que desde dentro explote una fibra de hierro de un monstruo imaginario en el que habia convertido por deseo a una mujer.
Supongo que fue tanto mi cansancio que se hizo noche mi día y mi deseo fue transformado por el crisol de su camino: yo era la medalla transformada en sus bellas manos de escritora.
He de confesar que me siento profundamente inspirado por ella y no he podido transformarme a mi mismo bajo mi propio criterio: ella y sus acciones son llaves que deben de ser coleccionadas con calma , con paciencia y esperar de esa vuelta de la llave de un destino un sonido o algo así.
¿ Como se escucha un sonido de transformación en un cuerpo, en la vida de alguien?
Yo nunca había oído o visto algo así pero a ella el destino la respetaba y a mi solo me quedaba admirarla:
Tal vez lo mio con ella era como lo que sucede con una madre y su hijo: un pacto de almas donde el amor y el deseo de ella traen al mundo a un alma que posteriormente deberá devolver el favor para seguir siendo dignos en vida de algo que no todos están conscientes.
Crisol de caminos
Victor Alcázar
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