De niño, tenía pesadillas recurrentes sobre el centro de la ciudad de guadalajara, soñaba seres horrendos, fantasmas, monstruos que me perseguían en lo que hoy es la plaza Tapatía.
Yo soñaba que iba corriendo al rumbo del panteón de Belén, escuchaba las tetricas campanadas de las iglesias que existen en la zona.
En mi sueño entraba al panteón de Belén buscando alivio, y veía seres reptando por el piso, seres tenebrosos que se escondían entre las lápidas, también veía a fantasmas que entraban por una puerta que iba a dar al viejo hospital civil de Guadalajara y yo corría por ese sitio, sin recordar nada más.
Cuando crecí, la primera vez que mi abuelo me llevó a mi y a mis hermanas al panteón de Belén me puso muy nervioso días antes, cuando lo planeó.
Llegado el día no quería ir, pero a la vez tenía ganas de ver ese sitio por primera vez.
Llegado el día y con todo y miedo asistí, y ya estando dentro del panteón, lo recorrí en compañía de mis familiares.
Al acercarme a la sección donde están los nichos
Le pregunté a mi abuelo si podía caminar yo solo y así lo hice.
Cuando volví, esperando encontrar algo, un algo que no sabía qué, le pregunté a mi abuelo que donde estaba la entrada al hospital civil viejo y el me dijo que no había ninguna entrada.
Años después me enteré que en los planos originales existió una entrada que daba a donde yo mencionaba pero la habían bloqueado muchísimos años atrás de que yo naciera.
Ese es el origen de la mayoría de mis obras en los inicios de mis pinturas.
Mayormente los fantasmas y demonios que tal vez un día conocí de cercas.
Aún pasó por calles cercanas a la zona evadiendo pasar por ahí. No me gusta ese sitio ni pienso que me gustara jamás.
Victor Alcázar
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